viernes, 31 de octubre de 2008

Memorias sobre el rico mineral de Pasco



Mariano Eduardo de Rivero y Ustariz

RIVERO Y USTARIZ, Mariano Eduardo de (Arequipa, 1789, Paris, 1857). Antropólogo y Naturalista. Hombre de esclarecida inteligencia, estudio en Inglaterra, Francia en la escuela Real de Minas, y en Alemania. Integro la misión de hombres de ciencias que el gobierno de Colombia contrato (1822) para estudiarla geología de ese país, requerido por Bolívar (1825) retorno al Perú. Como director general de Minería visitó, estudió y vivió un periodo prolongado en el Cerro de Pasco, en donde ocupó importantes funciones públicas. Escribió su invalorable aporte: Memoria de Ciencias Naturales y de Industria nacional y Extranjera (1827 – 1828).



El Cerro de Pasco ha merecido, a lo largo de su historia, una serie de aproximaciones de orden científico. Uno de los más enjundiosos, corresponde a Mariano Eduardo de Rivero Ustariz. Hombre ligado, cívica y productivamente a esta ciudad, el sabio arequipeño, realiza en el presente artículo un pormenorizado informe respecto de la realidad integral de este suelo de ingentes riquezas minerales.


Entre los grandes recurso con que cuenta la Republica Peruana, debe ponerse, en primer lugar, el Cerro de Yauricocha, o de Pasco, célebre en la historia de la minería tanto por las riquezas que ha dado y da, cuanto por la inmensa masa metálica que contiene, y por otras mil circunstanciaos que lo hacen notable a los ojos de los naturalistas.

Difícil es sin duda el poder de dar una descripción completa de este interesante punto, del que todos desean tener un conocimiento, si no exacto, a lo menos aproximado, para que puedan formarse una idea el minero, el filósofo y el comerciante. Mis fuerzas no son suficientes para tan ardua tarea; mas los deseos que me animan de dar a conocer al mundo literato las riquezas de Yauricocha y el modo como se trabajan sus minas me hacen vencer los infinitos obstáculos que se presentan, esperando que mis lectores serán indulgentes en dispensarme los yerros que cometa en tan complicada empresa.

Para mayor claridad dividiré esta descripción en cinco partes: 1ª. Aspecto físico y Situación Geográfica; 2ª. Descripción Geognóstica; 3ª. Modo de trabajar las minas y de extraer los metales; 4ª.Beneficios de estos y sus riquezas, 5ª. Numero de minas y producto que han dado en algunos años.

ASPECTO FISICO

La cordillera de los Andes reunida en el nudo del Cuzco, entre los paralelos de 14 y 15 grados de latitud, se divide en dos ramales: el oriental corre al Este de Huanta, Ocopa, Jauja y Tarma; el occidental va al Oeste de Castro virreina, Yauli, Huaypacha y Pasco. Cerca de Huanuco se reúnen estos, y continúan de este modo por algunas leguas. Nacen después tres ramales: el oriental se eleva entre Pozuzo y Muña, el central corre entre el rió Huallaga y el Marañon y las costas de Trujillo y Payta. En Loja forman otra vez un nudo.

Los dos ramales que nacen del Cuzco, ensanchándose, encierran la pampa de Bombon, la laguna de Chinchaycocha o reyes, y el Cerro de Pasco. Se observan en ambos varios picos colosales, cubiertos con nieves perpetuas, y son los de la Viuda, Potosí, Taguahuanca, Los de Huarochiri, Los de Oyon, y otros muchos que no están designados por nombres; uno de estos se percibe desde el cerro de Paso, y esta en el ramal Este ó Montaña Real, que divide los llanos de la sierra en que yacen los mas ricos minerales. El ramal occidental, o, como los llaman, cordillera de Oyon, se inclina a la reunión con mas celeridad que el otro, desde el mineral de azoque de Cuypán, haciendo un semicírculo bastante simétrico. El ancho de la cordillera, contando desde Lima hasta la salida del camino de Chanchamayo, es de 80 a 90 leguas, en línea recta, según un cálculo aproximativo. Entre estos ramales como hemos dicho, esta la planicie de la mesa de Bombon, que tiene quince leguas de largo, y cuyo ancho difiere de 2 a 4 leguas, si bien el lado del Oeste se extiende, aunque no lleva el mismo nombre, hasta el mismo mineral de Cuypan, distancia que se calcula en 8 leguas, sin embargo, de que no es tan llana como el Bombon. Esta elevada sobre el nivel del mar a 4,060 metros, y la laguna de Chinchaycoha tiene como siete leguas de largo y tres de ancho. Le sale un rió que le llaman de la Oroya, y se junta con el de Rancas que tiene su origen en la laguna de Alcacocha, corrientes que tributan sus aguas al rió de Jauja. Esta llanura es semejante en su configuración, posición y demás circunstancias geológicas ala de Bogota, Lampa y México. Se observa en ésta una calzada, hecha por los antiguos, de dos varas de ancho y como 3 ½ de largo, toda empedrada con piedra caliza y que es de gran utilidad en tiempo de invierno cuando las pampas están todas pantanosas, se halla entre el pueblo de Carhuamayo y la villa de Junin. Existe también un acueducto subterráneo que va desde los pastos de Racracancha hasta tambo-Inga, palacio de las antiguos Incas, cuyos restos se hallan sobre una colina que divide la pampa; aquel acueducto servirá para conducir el agua cuando el Inca iba a hacer sus visitas a los pueblos.

Entre la extremidad de la mesa o pampa de Bombon, hacia el norte se encuentra el famoso cerro mineral de plata llamado Colquijirca que quiere decir, Cerro de Plata, es el principio de los cerros que dividen esta pampa del mineral de Pasco. Existen en esta llanura varios pueblos y la villa antigua de Pasco, la que se hallan en la exterminad del noreste a las faldas de unos cerros. La celebre población de Junín esta a la extremidad del sur, a media legua de la laguna: su ruina es total, a causa de la guerra de la Independencia y de la Batalla del 6 de Agosto que se dio a una legua de distancia de la villa, marcando con signos positivos la restauración de nuestros derechos, y la ruina total del ejercito español. En tiempo de la esclavitud, se vieron regados estos campos con miles de animales que servían para dar subsistencia al hombre y para cubrir su desnudez. Mas en el día apenas se ven en sus hermosas llanuras, que producen pastos riquísimos, igual numero de cabezas de ganado al de las palmas que crecen en los desiertos de Egipto. Todo ha sido destruido por el hierro de Marte y la barbarie de los defensores de la tiranía que quemaron muchos pueblos.

El mineral de Pasco se encuentra rodeado por muchos cerros, los que forman una circunferencia; en su centro se hallan los minerales ricos de Yuricocha, Santa Rosa y Yanacancha. La cadena de cerros que forman propiamente un ramal central, con una elevación muy inferior a los otros dos encierran los minerales de plata, cobre, hierro, plomo y combustibles que hacen la riqueza del departamento de Junín. Su continuación no se interrumpe hasta reunirse un poco más allá de Huanuco. Los cerros que forman la taza o circulo de Pasco, estan cortados por las quebradas de Quiulacohca, Tullurauca y Pucayacu, la de Quiulacocha que se abre al sur este, sirve de desagua a la laguna del mismo nombre, cuyas aguas se emplean para que muelan varios ingenios. Las otras del norte y al este son las que conducen a varios de éstos establecidos en ellos, y se muelen con las aguas que vierten los cerros contiguos. Estos manantiales son origen del rió Marañon, pasando antes por la ciudad de Huanuco para formar el rió Huallaga; mas aseguran algunos que el verdadero origen esta en la laguna Lauricocha, cerca de Cajatambo. En esta taza hay tres lagunas; dos de ellas, que son las de Patarcocha, se comunican, y la de Quiulacocha, que es mas grande, sirve de desagüe a los socavones; hay algunos retazos de llanuras ala parte norte que llaman pampas de San Andrés. Por cualquier parte que se quiera salir hacia el NE y O se tiene que bajar considerablemente, y así es que en menos de una hora se encuentra un clima mas benigno y una vegetación que no se ve en Yauricocha o Pasco.

El aspecto del mineral es lo mas melancólico que se puede imaginar, cerros desnudos, cuya vista indica en el momento la esterilidad de las montanas metálicas, gentes; gentes entumidas con el frió y la falta de respiración por el aire tan delgado, vestidos usados y semblantes decaídos demuestran los trabajos y la vida tan peligrosa y agitada que se lleva bajo los subterráneos.

El Cerro de Pasco esta situado en los 10 grados 55ms, latitud Sur y 75 grados 40ms de Longitud, contada del meridiano de Greenwich. Su altura es de 5,206 varas sobre el nivel del mar; dista de la capital de Lima como a 60 leguas y consta de 5 a 6,000 almas, de las que ¾ partes están ocupadas en el laboreo de minas. Su población corta e irregular, toda hecha de adobes, y cubiertos sus techos de paja, que se hallan situadas en declive y sobre las labores de minas. El clima es muy desagradable, tanto por el frió excesivo como por la altura en que se halla. Su temperatura en los meses de Junio, agosto y septiembre es por lo regular y termino medio de 44º termómetro Fahr de día, y por la noche de 35º. En estos meses observe varias nevadas y abundantes granizos, lo que hacia bajar el termómetro considerablemente, mas aun si estos, en el mes de agosto y septiembre descendió hasta 30 y 28 grados bajo el punto de congelación. El agua comienza a helarse cuando el cielo esta despejado, desde las seis de la tarde, y la que esta en los cuartos amanece helada muchas veces; comienza a hervir a los 180 grados. Desde mediados de octubre hasta fines de abril es insoportable este clima por las nevadas, granizos y tempestades que amortiguan el espíritu de sus habitantes e impiden salgan de sus casas, por temor de los rayos que hacen casi todos los años muchas averías.

Ningún ramo de la agricultura se cultiva aquí; sin embargo de que las papas, ocas, ullucos, macas y cebada son de temperamento rígido; si se siembre la ultima en las quebradas, no granes. Pero no por esto falta en su mercado la buena fruta, legumbres y otros comestibles que se traen de Huanuco, distante 20 leguas, y de los rublos vecinos. Es tan rígido su temperamento que las gallinas no sacan sus polluelos, ni las llamas pueden procrear; las mujeres embarazadas tienen que salir del lugar a un temperamento mas templado, si no quieran que se mueran sus hijos, pero de poco tiempo a esta parte, las personas que disfrutan de alguna comodidad se ahorran este trabajo, por las chimeneas que tienen dentro de las casas, cuyo uso se ha introducido de dos años acá por los ingleses. Aunque se emplea el brasero no calienta lo suficiente.

Se observa que las personas que acaban de llegar y las que no están acostumbradas al temperamento y son débiles de pulmón padecen afecciones al pecho, faltándoles la respiración, cuando se agitan; llamase aquí esto veta pues se cree que las vetas que cruzan en los países minerales son las que producen tal efecto, haciéndose extensiva esta falta de respiración o bochorno, que proviene de la poca densidad del aire por la excesiva altura, hasta los animales se caen muertos, cuando apuran en las subidas de cuesta, con pesadas cargas. La enfermedad que acomete a los mineros es la parálisis producida por el transito repentino de una temperatura elevada a otra fría, y también por el continuo uso que hacen del azoque. Los que padecen de esta enfermedad se llaman azogados. He visto personas atacadas de parálisis que no podían ni aun ponerse los dedos en la boca, pues muchos de ellos habían tenido que sufrir por algunos ratos la respiración de los vapores mercuriales. Pero la enfermedad más común es la pleuresía o dolor de costado y la fiebre pútrida o tabardillo. La primera se cura tomando una infusión de mullaca, hierba de muy pequeña talla, que crece en las cercanías, o con la que llaman hueso de muerto. La primera planta es de hojas muy menudas y da una frutita colorada redondita. La segunda crece en los pastos y sus hojas son blancas y cortas.

La ocupación de los habitantes del Cerro, como se puede presumir, es exclusivamente el ramo de la minería. Están divididos en dos clases. La primera comprende a los mineros propietarios, y la segunda los bolicheros que benéficas aquella porción de metal que extraen los operarios que trabajan partido, y llaman Huachacas, y las que algunos otros sacan fraudulentamente. La desmoralización que se observa en todo mineral del Perú es consiguiente a la mala educación que nos han dado nuestros antecesores, al desprecio con que miramos la plata y la facilidad con que se buscan las cosas necesarias para la vida; el juego; la embriaguez, los asesinatos y la mala fe de ahí los vicios mas comunes en los lugares de minas, esta es la razón por que se dilapidan caudales ingentes de los habilitadores y las boyas que obtienen de tiempo en tiempo, echando muchas veces la culpa a las minas que por lo regular siempre producen, y no a su mal manejo, perdiendo de este modo el crédito y la confianza de los que podían serles útil. Sin embargo no deja de haber personas recomendables, tanto por su conducta como por el trabajo asiduo.


MODO DE TRABAJAR LAS MINAS Y EXTRAER LOS METALES

Las minas de Yauricocha (1) cuentan desde su descubrimiento como 198 años (los documentos lo fijan en el año de 1630), ha¬biéndose hecho este hallazgo por un indio lla¬mado Huaricapcha, pastor de ovejas de la hacienda de Paria, a la que pertenece este terre¬no. Sucedió la casualidad que estando en el sitio de Santa Rosa una noche con su ganado, formó una hoguera para calentarse y cocinar al mismo tiempo su escasa fiambre; las piedras que colocó para formar el fogón y las que estaban en el fondo se fundieron y descubrieron hilos de plata; al observar este fenómeno quedó muy complacido e inmediatamente dirigió a la villa de Pasco, distante 2 leguas, que en aquel tiempo era asiento mineral, y todas sus gentes trabaja¬ban en el cerro de Colquijirca, célebre en la épo¬ca por sus muchos y ricos metales. Habló el des¬cubridor a D. José Ugarte mostrándole sus piedras; este se puso en camino para el lugar, y convencido del informe exacto del indígena puso trabajo en el sitio de Santa Rosa y fue explotando con la mayor felicidad y abundan¬cia. A la fama de sus minas acudieron varios, y entre ellos D. Martin Retuerto, quien trabajó la mina Lauricocha, dando un socavón que fue el primero que hubo en el mineral. D. José Maiz compró de los herederos de Retuerto la mina citada en 1740 y dirigió un socavón al mismo paraje, concluyéndolo en 1760. El emprende¬dor Maiz logró la gracia de titularse marques de la Real Confianza, en virtud de una gran canti¬dad de azogue que sacó de las cajas y pagó fielmente.

Cuando se supo que los metales eran ricos y productivos, vinieron los Salcedos desde Puno a trabajar a Yanacancha y Pariajirca; estas propiedades pasaron después a la familia de los Arrietas. Todas las minas produjeron miles de miles de marcos, extraídos únicamente de los pacos; mas cuando se entablaron las máquinas de vapor en el año de 1816 por con¬trata celebrada entre los señores Abadía, Arismendi y el gremio de mineros, comenzaron a profundizarse y a encontrarse los ricos pavona¬dos, polvorillas y plata nativa; así es que en los años que estuvieron funcionando las tres má¬quinas de Santa Rosa, Yanacancha y Caya hubo una boya cuantiosa, sin embargo de que no profundizaron más que quince varas bajo los planes del socavón de San Judas, cuando debían ser 40, según la contrata.

El desagüe de las minas del Cerro se hace en la actualidad por un socavón y una máquina que está enteramente arruinada. El socavón co¬mienza desde la laguna de San Judas: tiene de tajo abierto como 400 varas y sigue después subterráneamente; en el portachuelo se divide en dos ramales, uno que va a Chaupimarca hacia el E., y el otro de Yanacancha al N., el ramal del E., pasa por junto a las minas de la Trinidad, Descubridora, San Agustín, etc., hasta la Iglesia de Chaupimarca; el del N., se dirige por San Felipe, Caya y va hasta muy cerca de la Iglesia de Yanacancha; pero en la actualidad la mayor parte está derrumbada, principalmente en el sitio llamado Chucarillo; últimamente Is Direc¬ción mandó componerlo desde la lumbrera de la máquina hasta Caya, con el objeto de habilitar algunas minas. El socavón tiene de ancho 2 va¬ras, y de alto como 2 y media, siendo su largo de 1,200 a 1,400 varas hasta el portachuelo.

Esta obra ha costado al gremio de mineros más de 100,000 pesos; fueron promotores de ella D. Vicente Amavisca y D. Bernardo Cárdenas en 1780, y se concluyó en 1800; más los ramales se siguieron trabajando hasta el año de 1807 por los señores Maíz, Alvarez y Cordero.

Sobre el socavón de San Judas está la lumbrera de Santa Rosa que tiene como 40 varas hasta el socavón: esta se ha profundizado por la compañía maquinera 20 varas abajo del nivel <-del socavón.-, pero atendiendo a la excesiva dure¬za del terreno, en el que doce hombres no perfo¬raban sino media vara al mes, no pudieron con¬cluir las 40 varas contratadas, y tuvieron que rellenar 6 varas; y a las 12 tiraron un rasgo para las minas hasta cerca de la lumbrera de la máqui¬na de Yauricocha. Este rasgo tiene como vara y media de ancho en algunas partes, y en otras menos; y de alto como vara y cuarta. Por una mala dirección se han perdido de 4 a 5 varas de su nivel, y por esto las aguas de la máquina no llegan a las labores de la mina grande Descu¬bridora, San Agustín, etc., sino al cabo de algu¬nos días. -Con este rasgo se desaguaron las mi¬nas ricas de Santa Catalina, pero a medida que se iban profundizando por las bombas de mano, las que echan el agua al rasgo, se aumentaron considerablemente, desde 50 a 300 arrobas por minuto.

Observando el gremio de mineros que ya les costaba mucho la extracción de sus minera¬ les y que el socavón no era suficiente, empren dieron el de Quiulacocha que tiene su origen en la laguna del mismo nombre; comenzaron esta obra en el año de 1806 los diputados de minerfa Leaño y el marquez de la Real Confian¬za. Su dirección es el NE : tiene de ancho como dos varas y media y de alto de 2 a 3 varas; le falta para llegar al mineral de Ayapoto, donde se encuentra el cascajo, como 200 varas, y de este último punto a la Cruz de Santa Catalina 1,000; cuenta trece lumbreras, doce comunica¬das; encampana 32 varas más abajo del socavón de San Judas. La escala del plano que hemos dado es para solo el socavón.

Esta obra importantísima que dará días felices a los peruanos ha sufrido mil atrasos, tanto por las infinitas disputas entre los mineros, como por los yerros que se han cometido en su ejecución. Las compañías de los especuladores sobre este interesante mineral han contribuido mucho a su paralización; la Pasco Peruana tomó a su cargo el seguir la obra y comenzó la de la quebrada de Rumillana; puso trabajo en Quiula¬cocha en el mes de setiembre de 1825, habiendo perforado como cuarenta varas hasta enero del año de 27, y gastado según dicen de 35 a 40 mil pesos. -Por las cuentas presentadas en el mes de marzo de 1826 por los señores Lago, Lemus y Vidal, se habían gastado en los dos socavones 29,422 y en el de Quiulacocha 16,513, sin contar con los sueldos de los directores de la compañía, comisiones etc. En vista de esto no dudo que se hubiesen expendido dichos 40,000 pesos, pues los gastos de la compañía han sido grandes y repetidos.

Informada la Dirección General de Minería de la suspensión del trabajo del socavón y de lo acaecido en la Compañía Pasco Peruana, trató de seguirlo, solicitando del Gobierno un auxilio, e invitando a los mineros a que grava¬sen sus pastas con un real en cada marco. En efecto, logró del Supremo Gobierno dos mil pe¬sos mensuales, y de los mineros su consentimien¬to. Me trasladé al Cerro y puse trabajo en el socavón el lo. de junio de 1827. Hasta el lº de enero se han corrido en el frontón principal 44 varas, y en las lumbreras,66. En la actualidad hay tres frontones, y pronto tendremos dos más, sino apuran las aguas de la 13a. lumbrera perfo¬rada en el cascajo de Ayapoto, la que está muy cerca de los planes del socavón.

Se paga la vara del frontón a 50 pesos, teniendo los barreteros que poner la pólvora, velas, etc., menos las herramientas las que da la empresa del socavón.

En el momento que llegue el socavón al mineral de Ayapoto, empezarán a benefi¬ciarse muchas minas que tienen una cantidad considerable de metales de 8 a 12 marcos por cajón. La máquina no hará entonces ningún efecto porque estando los planes más abajo de los de la lumbrera en que se halla la máquina, sus aguas deben dirigirse al desagüe general.

Otros dos socavones se han comenzado. El de Rumillana, que principia en la quebrada del mismo nombre, se decía encampanaba 40 varas más que el de Quiulacocha; pero las medi¬das hechas por orden del gremio, a consecuencia del pleito con la Compañía Pasco Peruana, indi¬can que cuando más podrá encampanar de 10 a 12 varas. El de Avellafuerte tiene su origen en la laguna de San Judas, se dirige a la Iglesia de Yancancha, está al principio y no se continuó por faltarle capital al finado Avellafuerte. Con este se podrían desaguar las minas sumamente ricas que hay en la pampa de San Andrés y en Matagente.

Los dos socavones trabajados por el gremio recibían la asignación de 12,000 pesos por el Tribunal de Minería, y dos reales de pensión sobre el marco de plata pina de los mineros; al principio se dieron por el Tribunal 24 mil pesos, y después se rebajaron a 12,000. En solo el socavón de Quiulacocha, hasta el año de 20 se han gastado 247,000 pesos.

El desagüe por la máquina de vapor es en la actualidad defectuosísimo, por razón de que no es permanente, y tronará cuando menos se piense, tanto por lo destruida que se hallan sus piezas principales, como son caldero, válvulas, conductos de vapor, bombas y pistón, como por el cilindro gastado que deja escapar el vapor continuamente. Los operarios han querido remediar este inconveniente poniendo una cajeta de champas sobre el pistón, pero todo es en vano. El cilindro tiene 25 pulgadas de diáme¬tro, el juego del pistón es de 5 pies, y hace trece golpes por minuto; el caldero tiene 7 varas, 23 pulgadas de largo, y 2 varas 16 pulgadas de diámetro; el grueso de sus planchas es de 7 líneas, las bombas de 16 pulgadas de diámetro. Esta máquina es de alta presión construida según el invento del ingeniero Trewithick; en el estado en que se halla presenta la fuerza de doce caballos y levanta el agua de 36 a 38 pies de los planes de la lumbrera al socavón de San Judas.

El agua de las minas destruye el cuerpo de bombas de hierro colado y el caldero, por el ácido sulfúrico y sulfatos que contiene en diso¬lución; se ha observado que las de cobre no son atacadas con tanta facilidad, y sería conveniente en lo sucesivo, si se quieren poner otras máqui¬nas, fuesen de dicho metal las piezas que están en contacto con el agua acídula.

Las minas del Cerro están en los sitios de Yauricocha, Santa Rosa, Caya, Yanacancha y Matagente, en la extensión de una legua de largo y un cuarto de ancho. Se encuentran en estos parajes como 558 minas, fuera de infinitos cortes; todas son mas o menos ricas, y se distin¬guen entre ellas las que están al pié y en la falda de la colina de Santa Catalina, principalmente la de Dolores, Descubridora, Mina Grande, Santa Rita, La Trinidad, Pampania, San Agustín, Mer¬cedes, etc. En Caya las hay muy ricas pertene¬cientes a Vivas y otros: en Yanacancha se dis¬tinguen las de Rosario, Animas, Jesús Nazareno, San Judas, etc., propias de los mineros Vivas y Maturana. Se asegura y hay fundamento para creerlo no obstante el poco tiempo que trabajó la máquina allí, que este sitio es más rico que todos juntos, pero en el día no se saca un grano de metal por estar sus labores bajo del agua.

Matagente fue en un tiempo el punto más rico del Cerro y lo confirman las excavaciones y escombros que están a la vista: se arruinó por un derrumbe general, en el que quedaron sepul¬tados 300 operarios, sin haberlos podido sacar.

Si el socavón de Yanacancha, o el de Avellafuerte, llegasen a este punto, se extraerían ri¬quísimos metales que compensarían gastos y fatigas.

Todas las minas de Yauricocha están malísimamente trabajadas; ningún arte ni eco¬nomía se observa en estos subterráneos; la vida del hombre está expuesta en el momento que pone el pie en los umbrales de una bocamina.

El método que han seguido y siguen para trabajar es abrir sobre la veta o capa mineral unas lumbreras de diferentes dimensiones, todas ellas inclinadas según las circunstancias (1); des¬pués siguen ¡a capa formando cañones del espa¬cio del manto, o bovedones espaciosos, sin dejar estribos ni puentes como en la mina de Santa Catalina y Trinidad. El sistema de galerías de distancia en distancia, y las comunicaciones de una a otra para la circulación del aire y faci¬lidad del transporte de los minerales, no se sigue en toda su perfección, haciéndose pozos con la misma irregularidad que las lumbreras. Ponen a los operarios barreteros en las labores o frontones indistintamente, sin seguir el méto¬do de gradas que es el más fácil y económico, según se practica en Huaipacha y en la mina de Victoria, departamento de Puno.

Las lumbreras están tan mal hechas que hay trechos peligrosísimos por la falta de escaleras, estacas u hoyos donde poner los pies, y también por estar mal ademadas o pircadas. Como la madera es sumamente cara hacen continuo uso de la piedra de cal que se encuentra cerca para rellena los trechos que lo necesitan: cuando hay proporción de enmade¬rar, lo hacen, y entonces los pedazos cortados se llaman tincas que duran según sea la madera y el peso que tienen que soportar. El socavón de San Judas y el de Yanacancha están adema¬dos con tincas. El árbol de la queñua que crece en las cordilleras es el que dura más: he visto pedazos sacados de minas antiguas en todo su ser.

Las minas de Santa Catalina, Mina Gran¬de, Trinidad, San Agustín y Sta Rita, cuyas labo¬res están más abajo del rasgo tienen bombas, movidas por los indios, de 12 pulgadas de diáme¬tro, colocadas en calderas cuadradas y bien ade¬madas de 8 a 10 varas de profundidad: en cada uno de ellas hay dos bombas; mas en las tres primeras minas hay dos cuerpos que echan de la primera caldera a la segunda, y esta al rasgo; del fondo de estas calderas tiran cañones al N. y al S. con un cierto declive para extraer los metales, y el espacio que dejan se rellena con piedras y escombros.

Los operarios entran a las minas por puntas y están diez a doce horas, los unos bom¬beando, y los otros extrayendo el metal y car¬gándolo a la acomodana o lugar de depósito que está mas cerca a la salida; descansan estos en el interior tres veces durante media hora, y es lo que llaman acullico (1).

Cuando la mina tiene buenos metales, trabajan a partido, es decir, que se les da la mi¬tad del metal que sacan a la superficie; cuando no, se les paga de cuatro a seis reales por su jor¬nal, además de la coca y velas que se les dan. La costumbre de darles metal es causa de que no haya minas bien trabajadas, y de que no subsis¬tan estribos ni puentes, porque el operario no calcula el daño, y así es que los derrumbes que se experimentan diariamente en estas minas son una consecuencia de este abuso. Se dice que Vivas y Luna la introdujeron por falta de capi¬tales para seguir las explotaciones; y no hay du¬da que es sumamente ventajosa para las personas que quieren de un golpe hacer una fortuna y retirarse de este oficio, dejando imposibilitada la mina para siempre; pero el gobierno debe velar y no consentir que se destruyan los manantiales de riqueza tan esenciales a la prosperidad de la nación.

La dirección y varios individuos del gre¬mio han hecho representaciones sobre el particu¬lar, demostrando hasta la evidencia los grandes perjuicios que resultan en la actualidad, y serán mas grandes en lo sucesivo, si se continua per¬mitiendo tal abuso; más el Soberano Congreso, por razones que no comprendo, pero que respe¬to, ha sancionado su continuación con gran de¬terioro de los intereses de los particulares y del mismo Estado, por favorecer a una sociedad que ni admite la ordenanza, ni la tiene en ningún otro asiento mineral.

La extracción de metales se hace por muchachos que llaman apires los que ganan dos o tres reales al día; o también se les paga en metal que es lo más común: esta extracción es la más penosa por no estar las lumbreras bien construidas, pues muchas veces salen gateando, todos llenos de barro y sumamente fatigados tanto por el peso como por la dificultad para salir. Los capachos de cuero que contienen de dos a tres arrobas de metal son bastante incó¬modos para este trabajo.

Al salir los operarios de la mina, cada uno saca su huachaca, es decir su porción de metal en una lona u otro género, y la abre en el registro; allí el dueño de la mina pone una estrella con cinco rayos, y quita una porción que es la quinta parte para la máquina ; se divide después el todo por la mitad que se reparte entre el dueño y e! operario.

A las minas ricas concurre mucha gente, y en particular los maquipuras (que no están matriculados en las minas, y vienen de los pue¬blos inmediatos): estos trabajan ya a partido, ya a jornal. En las minas pobres, como en Santa Rosa, siempre se trabaja por el precio de cuatro o seis reales lo mismo sucede cuando los metales están todavía bajo el agua, siendo cosa dura y muy injusta la costumbre que tiene que sufrir el propietario de dar metales cuando son ricos, y plata cuando son pobres.

BENEFICIO DE LOS METALES Y SUS RIQUEZAS
La metalurgia en el Perú no ha hecho los grandes progresos que debían esperarse de un país exclusivamente minero que encierra en su majestuosa cordillera diferentes especies de metales que requieren métodos particulares para ser beneficiados.
La amalgamación, único ramo de la me¬talurgia usada hasta el día, se ha perfeccionado desde que la inventó el minero Medina; sin embargo falta todavía mucho para que podamos mirarla con alguna perfección y sacar resultados tan ventajosos como los que se obtienen en la oficina de Hasbrucke cerca de Freyberg, donde diariamente se extrae la plata de 200 quintales, en 24 horas, perdiendo tres cuartos de onza por quintal; cuando con nuestro proceder se desper¬dicia como una libra de azogue por cada marco de plata.
Los minerales para la amalgamación se dividen generalmente en metales crudos y de quema. Los crudos que se amalgaman sin some¬terlos a la acción del fuego, son los pacos (óxi¬dos de hierro con partículas de plata nativa) los cobrizos, polvorillas, plata nativa o voladora, plata córnea (muriato de plata), carbonato de plomo, chumpes, (zinc sulfurado). Los de quema son los soroches o galenas de diferentes varieda¬des, plomo ronco (plata sulfurada), rosicler (plata sulfurada antimonial), el bronce (pirita de cobre o de hierro), negrillos (cobre sulfurado). Todos estos metales son más o menos ricos, y muchas veces se amalgaman indistintamente, como sucede en el Cerro de Pasco, con mine¬rales de diferentes leyes y combinaciones, que serán el objeto de esta memoria.
Los metales que se extraen de las minas de Yauricocha son los pacos o colorados, la plata nativa, la polvorilla, (plata sulfurada des¬compuesta), el bronce (pirita argentífera), los cobrizos (sulfuros de cobre), los carbonates de cobre y de plomo. Entre estos hay diferencia en la ley y los más pobres son los pocos que dan de diez a doce marcos por cajón. Los otros contienen muchas veces hasta 400 marcos, como se ve en los metales de Santa Catalina y de la Trinidad.

Es cosa notable que en la variedad de metales que encierra el cerro de Yauricocha no se encuentren cristalizaciones, á excepción de algunos cristalitos muy pequeños de carbonato de plomo en prismas muy delgados y de soro¬ches en láminas tales que por su clivage , se puede determinar la forma del cristal. La plata nativa se encuentra con frecuencia en las minas de la Trinidad, Santa Catalina, Mina Grande, Dolores, etc., macizos de bastante consideración y plata diseminada he visto con repetición proce¬dentes de las primeras minas, y sobre todo de la de Dolores perteneciente al minero Maturana, la que no se trabaja en la actualidad. Según lo que tengo observado y el resultado del examen prolijo que he hecho con estos minerales, la plata nativa proviene de la descomposición de la pirita de hierro.

Los mineros están satisfechos cuando las minas trabajadas producen en abundancia la polvorilla, o cuando el metal es de un color rojo que aunque no es tan rico como el otro se encuentra en mas abundancia y ofrece una boya más permanente. Esta clase de metales producen las minas de la Descubridora. San Agustín y Pampania. Es digno de observarse que todas las minas no dan los metales en pedazos sólidos, como sucede en las de los pacos, y que hay casos en que todo se reduce a una masa deleznable que forma muchas veces una especie de barro con el agua, manchando las mantas y vestidos de los mineros.

Reunida una cierta cantidad de metales, vienen los arrieros a conducirlos sobre llamas, cargando cada una de 3 a 4 arrobas, y llevan a las haciendas de beneficio, que están en las quebradas a ciertas distancias, los que se muelen en los ingenios de agua. Estos se componen de una rueda horizontal armada de cucharas o pale¬tas en donde hiere el agua, de 5 varas y media de diámetro, movida por un chiflón de 15 a 18 varas de largo con una inclinación de 18 a 20 grados; al eje de la rueda que sobresale a la mesa o bóveda del cárcamo, le atraviesa el peón de hierro que sostiene la piedra voladora , de una tercia de ancho y 11 cuartas de diámetro, la que reposa sobre la solera de una vara tres cuartas de diámetro y una vara cuatro pulgadas de grueso. Hay dos clases de estos ingenios, los unos tienen la rueda horizontal bajo de la piedra voladora y los otros encima; estos últimos llevan el nombre de Tabladillo. Hay otro tercer ingenio denominado Rastra cuyas piedras están coloca¬das a la extremidad de un pedazo de viga que atraviesa el eje de la rueda; a estas piedras se les abre un taladro a fin de sujetarlas por cueros o cadenas, para que no se muevan por el impulso de la rueda que las arrastra. Hay dos modos de moler los metales; uno que llaman por sutil que es con el agua, y el otro en seco; siendo preferible el primero por razón de que la harina (Schlich) sale más fina e impide que se levante polvo, con el que seguramente van cantidades de plata.

El metal echado por un operario sobre la solera y molido con el agua que viene por un canalito a reunirse con el metal, sale en un esta¬do de sutileza que es capaz de ser llevado en sus¬pensión por el agua misma a las cochas o depó¬sitos donde se precipita. Cuando hay una canti¬dad suficiente y están en estado de cargarse en mantas, los operarios acarrean las masas al buitrón o circo, en caso que los haya. El buitrón es un patio cuyo tamaño y ancho difiere; está muy mal empedrado al aire libre. El circo es un espacio rodeado de una pared de vara y media de alto, que forma un círculo perfecto de diez a doce varas de diámetro; en su centro tiene un poyo en el que está clavado un madero con el fin de atar los caballos y mantenerse en pié e! operario que los arrea. Siendo mi objeto el mineral de Pasco, me contraeré únicamente a hablar del beneficio por caballos, por ser el que están en uso y ofrece más economía, pues el de buitrones es laborioso y acarrea más pérdidas.

Antes de entrar en el detalle del benefi¬cio en una escala mayor por medio de los caba¬llos, es preciso que de una idea de los ensayos que se hacen para conocer la ley de los metales que se van a beneficiar. El minero, ansioso de saber si el fruto de sus trabajos compensa sus fatigas y desvelos y si merece el que se hagan gastos en su beneficio, trata primeramente de hacer un ensayo con una libra de metal molido, a la que le añade media libra de sal, un poco de agua y, por primera vez, la cuarta parteo media onza de azogue, según parezca rico e! metal; teniendo cuidado de mezclarlo todo para incor¬porar bien el azogue y la sal; al cabo de horas coge su chuga o platillo, único termómetro que le suministra los grados de beneficio en que se halla y las sustancias que se requieren para hacer rendir más plata, como dicen, a los meta¬les. Si se toma una porción de esta masa y se le quita todo el relave con cierta maña a que están acostumbrados, se descubre la lis, es decir las pequeñas partículas de azogue y plata muy remolidas; si la lis es de un color aplomado sin ningún brillo y reunida con el dedo pulgar resulta ser azogue, entonces se dice estar muy caliente, cosa que se remedia echando un poco de cal viva y dejando reposar la masa. Si el mer¬curio toma un color blanquizco medio amari¬llento y la lis es oscura y sin brillo, y forma unos glóbulos, entonces es señal de estar frío, y le echan el magistral (tritóxido de hierro). Cuando la lis está brillante de un color plateado, y toca¬da con el dedo se reúne inmediatamente forman¬do un cuerpo que es como pella, o como llaman vulgarmente afrechera, entonces va muy bien el beneficio. Si exprimiéndola pella se nota todavía azogue no la Ñapan; pero si no hay indicios de este cuerpo, tienen que añadirle inmediatamen¬te al ensayo o circos. Cuando las masas benefi¬ciadas no están en buen estado, usan mil reme¬dios, como el de echar cal, cieno podrido, es¬taño, cobre o más magistral. Los metales pacos que contienen galena, se incorporan con azogue, al que se añade estaño en proporciones diferen¬tes; para esto hay una tabla que indica que a tantas libras de azogue corresponden tantas de estaño. Esta composición lleva el nombre de Pire; la usan mucho por Potosí y Oruro; más en Pasco se ignora, y es de desear que se abandone enteramente, pues, como lo tengo dicho, todo beneficio complicado y en el que se acumulan sustancias perniciosas se debe prohibir. La opera¬ción de la amalgamación, mientras más sencilla sea, ofrece menos pérdidas de azogue y plata, y sus resultados se ven más pronto y con más economía. El hierro metálico en dados cuadra¬dos es el único ingrediente que acelera y favore¬ce la amalgamación porque descompone el muriato de plata, y porque tiene afinidad con el azufre. En las experiencias que he hecho con metales diferentes, y principalmente con el mu¬riato de plata de Huantajaya, me he convencido que tan solo con el hierro y un poco de sal se obtiene, al cabo de algunos días toda la plata reunida al azogue.

Este descubrimiento del que sacan par¬tido en la amalgamación los sajones, fue inven¬tado por Carlos Lorso de Leca en 1586. Es tan importante, el hierro que desearía que además de los pedazos que se le echan a la harina (Schlich) se empedrasen los circos y buitrones con placas de él o se hiciesen barriles de lo mismo, y sería útil también que los caballos estuviesen todos herrados: entonces puedo asegurar que en vez de estar las masas dos y tres meses en los circos y sufrir grandes pérdidas de azogue, en poco tiempo* y con mucha más economía se obtendrían sus productos.

Vamos ahora a examinar el beneficio en los circos. Las masas o Schlich puestas en el circo en cantidad de 8 a 9 cajones del peso de 62 y medio quintales cada uno, se mezclan con 50 arrobas de sal, cuando, son de pacos, pero si entran metales ricos se aumentan 10 arrobas más. Después de mezclada la sal por los caballos con un poco de agua que llaman hormigueo, le echan el azogue en la proporción de 50 a 100 libras, entrando en seguida los mismos caballos, los cuales están dos o tres horas repasando; un muchacho parado en el poyo los arrea y hace darles vueltas en diferentes direcciones. Al sa¬lir estos, les lavan los pies en un pozo que está cerca del circo; dejase reposar por algunos días más la masa hasta que el beneficiador, después de haberla examinado en la chuga , cree por conveniente yaparle más azogue o curarla, es decir, si está fría echarle magistral, y si caliente cal con cieno podrido. A un circo de estos ¡e dan en lo general 5 repasos con 6 u 8 caballos y dura su beneficio 2 o 3 meses. Cuando está en estado de lavarse, lo que se conoce por la lis floja, y tiene algún azogue, se le añaden de diez a veinte libras más de este para que se acaben de reunir todas las partículas, y se le da el último repaso. Concluido esto, echan bastante agua en el circo para que se deslía la masa y salga por un conducto a los lavaderos que están junto a los circos. Aquellos consisten en varios pozos unidos por un canal en el que ponen bayetas o jergas para recoger la pella. Dos o tres hombres están continuamente removiendo con los pies la masa de los pozos para ayudar al agua a llevar todo el relave o barro, y que solamente quede la pella pura: esta se recoge y trae al almacén en donde se mide en unos porronguitos o vasos de barro que equivalen al peso dado; en seguida se echa en la manga de brin, cuya forma representa un embudo y cuya parte más ancha tiene un círculo de hierro; aquí destila y queda por último la pella bastante seca. En este estado la sacan para introducirla en unos porrongos de barro, que resisten al fuego, fabricados en los pueblos inmediatos: cada uno cuesta de dos a tres reales, según sea el tamaño. Colocada así la pella en el interior de la vasija, le ponen un cañón de fusil de dos varas de largo, y curvo en la extremidad que entra en el agua, y embarran la boca con una arcilla amarillenta. Preparado de este modo lo colocan en una posición inclinada sobre uno o -dos círculos de hierro; la extremidad del tubo entra en una media botija de agua, donde se condensan los vapores mercu¬riales; en seguida, rodean la vasija de champas y encienden el fuego que dura tres o cuatro horas hasta que usando de la expresión de los refogadores no boquea. Concluyese así esta operación que es riesgosa, porque rajándose el porongo está expuesto el operario a recibir vapores per¬judiciales a la salud y causa de los muchos paralí¬ticos que se ven en el Cerro. Al mismo tiempo sufren la pérdida considerable de azogue. La pina se saca después quebrando el porongo, -lo que hace costosa esta operación. Ignoro cuál sea la causa de haber abandonado las cape¬ruzas de barro preferibles a todos menos a las de hierro.

Cuando los metales son ricos, se añaden dos terceras partes de los metales pacos y enton¬ces llevan el nombre de chacurrusca. El objeto de esto es para que salga la pina mejor, haya menos pérdida y se complete el circo; pero es también de advertir que aunque se beneficien en 15 ó 20 días, requieren más sal, más repasos y se experimentan pérdidas considerables, lo que proviene de la pirita descompuesta y otros sulfuros, que, en mi opinión, deberían sufrir la quema para que pudiesen ofrecer más ganancia.
Siendo ricos los metales se hace una mezcla con los más pobres, poniendo del rico una tercera parte. Más los gastos se aumentan por ser necesarias 10 arrobas más de sal y porque hay más pérdida de azogue, de suerte que el metal de 100 marcos tiene sobre los gastos anteriores......399—6
por 10 arrobas de sal ..... 8—6
Por 200 libras de azogue per¬didas en 2
cajones del metal rico, a 150 pesos el quintal....300
Total…… 684-4

Es incalculable el costo que tiene la extracción del cajón de metal rico, pues se saca de las minas de desagüe con máquinas de vapor y bombas de mano que usan los mineros, siendo esto muy gravoso. Es una verdad que se ha visto progresar más con ¡os metales pobres, por la ra¬zón anterior del desagüe y costumbre de guachacas o pago de operarios con metal.

Las haciendas en que se benefician mas metales, tienen mayor proporción y cuentan con lo necesario son San Miguel de Tiñauco, de D. Nicolás Lecuona; Ocoroyo, de D. Miguel Otero; Huaurupampa, del coronel Sánchez; Quiulaco-cha, de D. José Lago y Lemus, el que tiene un ingenio nuevamente construido que con una sola rueda hace mover dos piedras; Quiulapampa, de D. Casimiro Arrieta y San Lorenzo, de D. Ra¬món Puga. Además de estas hay otras mediana¬mente surtidas y su número se verá por el pe¬queño estado que sigue. Para formar una hacien¬da hasta ponerla en corriente se necesita gastar cuando menos 4,100 pesos.

DEL NUMERO DE MINAS Y PRODUCTO QUE HAN DADO EN ALGUNOS AÑOS
En otra parte de esta memoria hemos dicho que no hay palmo de tierra en el Cerro de Yauricocha que no tenga dueño y en el que no haya una mina o un corte. Por una razón presentada por los mineros en el año pasado, se cuentan 558 minas, no entrando en la cuenta infinitos cortes que pasan de más de 1,000, ni tampoco las minas que están a cierta distancia del Cerro, y por un cálculo prudente se pueden regular a más de 2,000, pues según la razón que en el año de 26 dio la junta de minas sobre las aguadas derrumbadas y que no tienen dueño, pasan estas de 450.

De número tan crecido es doloroso el ver que cuatro o cinco son las que se trabajan y dan el producto tan considerable, como se podrá ver en los dos últimos años de la planilla adjunta; estas no llevan un continuo trabajo, a causa de que descomponiéndose la máquina tienen que parar el desagüe. Las únicas que se siguen, sin embargo del poco beneficio que dejan son las de pacos.

No hay la menor duda qe si el mineral de Pasco se trabajase según las reglas del arte y hubiese un desagüe permanente, podrían sobre¬pasar sus productos a los de Guanajuato, Potosí', etc., que se distinguen en las minas del continen¬te Americano; pues la masa metálica y riqueza que tiene en las profundidades es asombrosa y pone fuera de cálculo lo que puede dar, por lo que se ve ahora y se ha visto en las minas princi¬pales a tan corta distancia de la superficie; y así no será extraño que el socavón permita el rebajar más abajo de los actuales planes y se encuentren así riquezas inmensas que saquen a los mineros y al Estado de sus apuros. Esto podría efectuarse aun antes de que llegue el socabón a Santa Catalina, si se colocasen las má¬quinas de vapor que se hallan en la capital. Por el estado de los productos que acompaño de este mineral, desde el año de 1786 hasta el de 20 en que comenzó a decaer por la guerra, se verá la enorme suma que se ha extraído de su superficie sin contar con lo que ha salido por alto. Los años de 21, 22, 23, 24 y 25 faltan de razón por no haberse podido conseguir datos.

Para que se tenga una idea de lo que se verificaba anteriormente en este mineral por los primeros mineros, insertaré aquí algunos datos: D. Francisco Calderón en 23 años fundió 298,490 1/8 marcos de plata, invirtiendo 2,172 quintales 8 y 1/2 libras de azogue y dio de quintos 295,380 pesos 2 reales. D. Antonio Álvarez en 15 años fundió 298,390 1/2 marcos; pagó en quintos 295,260 y compró azogues por 2,170 quintales. Antonio Álvarez Moran en 17 años fundió 335,850 1/2 marcos, dio en quintos 334,949 pesos y compró azogues 2,797 quintales 79 libras. Los Yjurras, Avellafuertes y Vivas, en tiempo de sus boyas, segura¬mente fundieron mucho mas, pues eran pródigos al extremo y han dejado hasta ahora nombre las minas que producen estas riquezas: una de ellas es la Mina Grande, la Trinidad, etc. En el día el azogue está caro, aunque ha bajado mu¬cho, pues en el año pasado se vendía a 180 y 190 pesos quintal, y no se encontraba: en la actualidad se compran en la capital a 65 pesos y en Pasco a 80 y 90. Huancavelica ha estado supliendo en pocas porciones; pero es tan corto el producto de sus minas y tan caro que no cos¬tea ni los azogues ni tampoco a los compradores, y ahora que está en precio tan bajo no deja utilidad el llevarlo a ningún mineral.

NOTA.- Desde la época en que se publicó esta Memoria ha aumentado la población del Mineral de Pasco, llegando a él muchos extranjeros y abriéndose más minas a beneficio del socavón que se ha seguido perforando siempre y del estableci¬miento de nuevas máquinas de vapor.
Lo que mas ha contribuido a acrecentar los trabajos en estos veneros ha sido el haberse disminuido y quitado, por fin los derechos sobre la pina de plata y el haber bajado los precios del azogue; influyendo esto último en que los metales de escasa ley, como los cascajos, se estén beneficiando hoy día en grande escala y den el corriente, así a las haciendas que existen desde mucho ha, como a las que se han levantado de algún tiempo acá.

OBSERVACIONES
1º.- No hay duda que este mineral es el mas rico de todo el Perú y quizá de todas las repúblicas, tanto por la ley de sus metales cuanto por su abundancia; pero desgraciada¬mente se está trabajando bajo un sistema tan ruinoso y con tan poca economía, que es de temerse que si el Gobierno y los mineros no to¬man enérgicas medidas para que se corten tantos abusos, se arruine este manantial de riquezas dentro de muy pocos años. Cuatro causas son las principales que impiden el progreso de la minería en este asiento:
I. La falta de brazos que se observa en todos tiempos y principalmen¬te en los de las cosechas y fiestas, que son fre¬cuentes, y en las que perecen y se atrasan mu¬chísimos
II. El modo con que se trabajan las minas ricas, dando partida de metales a los operarios llamados Guachacas, quienes destru¬yen las labores y causan los derrumbos conti¬nuos que se experimentan casi en todas las minas. De esta causa provienen males infinitos que se han hecho ver por la dirección de Mine¬ría en unas observaciones emitidas al Supremo Gobierno.
III. La falta de otras máquinas para que haya un desagüe continuo, pues cada parada que hace la que existe, arruina las minas y sus labores, obstruyéndose los caminos, llenándose las calderas y los bovedones de agua, y costando para ponerlas expeditas otra vez, muchos miles, y dos o tres meses de tiempo.
IV. Las disputas continuas y arbitrariedades que se cometen por los jueces de paz y de derecho, las que influyen sobre manera en el trabajo de las minas, sin em¬bargo de que la ordenanza de Minería no permite otros jueces que los del ramo.
A estas causas es preciso agregar otras de no menor importancia y son: la poca unión que hay entre los mineros, que muchas veces porque el vecino no logre parte del beneficio que hace por el desagüe de su mina u otros incidentes no pone trabajo y prefiere que los metales ricos que tiene su mina estén en las entrañas de la tierra; las pérdidas considerables que experimentan en los beneficios de sus metales; lo caro del azogue, lo recargada que está con derechos la pina, las mermas en la fundición, y, en fin, la falta de fondos y el precio bajo a que les compran la pina los habilitadores; todo contribuye para que el minero se halle en una inercia y desconfíe de sí mismo, de sus minas y aun del mismo Gobier¬no, que, como dicen todos, no procura fomentar el ramo, ya sea poniéndoles bancos de rescate o habilitándolo con azogue como antiguamente. Verdad es que la falta de cumplimiento en las contratas con los mineros, y los vicios que se les atribuyen, inspiran una desconfianza para habi¬litarlos; pero se debe reflexionar también que la educación que han recibido anteriormente, ha sido defectuosa, y que el Gobierno bueno es el que hace buenos a los habitantes de una nación. Sin embargo no deja de haber mineros honrados, de probidad y conocimientos y muy trabajadores.
Con motivo de haber visitado la direc¬ción casi todas las minas y haciendas de este asiento mineral, es de sentir que el Gobierno procure, si quiere tener una entrada segura de muchos millones, que se entable un régimen estricto en el laboreo de las minas; que cada una de ellas tenga un número de operarios fijos y que no puedan ir a otras en donde hay meta¬les, como sucede ahora; que esté provisto siempre el asiento de azogues; que no suba el precio de sesenta pesos; que haya, por lo menos, dos o tres máquinas que se auxilien unas a otras; que se ponga un banco de rescate con fondos suficiente, para que el minero no sacrifique su pina, y no se le pague sino a precio regular; que se quiten los boliches, que son tanto mas perju¬diciales cuanto que consumen mas azogue, em¬plean' un número considerable de gente que podía estar en las minas y fomentan el v robo clandestino de metales que se procure siempre se adelante el trabajo de los socavones, y se emprendan otros para1 habilitar muchas minas ricas; y en fin, que se rebajen los derechos para que los contrabandos sean menos e ingrese más en el Erario.

2º. Los mineros, para formar un cálculo prudencial de la ley de los metales, someten a ensayo una libra de masa bien pulverizada, con el cargo o aplicación de un adarme de azogue; y si seca, u ocupa el azogue la plata contenida en la harina metálica, corresponde a seis marcos dos onzas el cajón.
Si absorbe la libra de masa dos adarmes completos, sube el cajón a doce marcos cuatro onzas; y si cuatro adarmes o una cuarta de onza, a veinticinco marcos, y así gradualmente se va formando el respectivo cómputo.
Según un cálculo aproximado, la pérdida del azogue, desde que se incorporan los cuerpos hasta que queda refogada la pina, es a razón de setenta y cinco por ciento.
Se hace preciso tratar de la comporta¬ción de los bolicheros en su manejo. Estos espe¬culadores dan principio a su giro con cincuenta pesos, y a la vuelta de dos o tres años, se recono¬cen con la fortuna de ocho o diez mil pesos. Los cincuenta pesos de principal es el valor de un batán, titulado boliche, que se forma de una piedra convexa y otra cóncava: en él muelen una carga de metal, y exigen de derecho cuatro reales, y a veces cinco, midiendo dicho metal en capachos de poco volumen.
Exigen al habilitado dos reales por el importe del agua destinada al beneficio de dicha carga de metal.
- Un real por el que la echa.
- Un real por el chancador, que así nom¬bran al que quiebra las piedras metálicas.
- Cinco reales de moledor, que es el ope¬rario que le da impulso a la piedra convexa.
- Un real por la cocha, noque o recipien¬ te donde se deposita la masa; y si está cubierta de madera exigen dos reales, y uno por desa¬guarla.
- Un real por extraerla, y colocarla en un cuero de toro, cobrando el bolichero por el al¬quiler de este dos reales, de modo que un pellejo hasta que se inutiliza rinde la decente produc¬ción de sesenta o setenta pesos; y lo mismo o más ofrece un azadón, por el cual cobran un real al incorporo, y medio real cada vez que lo per¬cibe el operario para mover la masa.
- Dan la sal con el gravamen lo menos de cuatro reales en cada arroba.
- De una libra de magistral, que vale cua¬tro reales, sacan dos pesos.
En cada libra de azogue ingresan cuatro reales, de modo que todos estos gastos calcula¬dos con respecto a un cajón, vienen a importar cincuenta pesos, que son otros tantos de utili¬dad al bolichero, por sólo una parada o batán.
Se hacen conducir las masas a la tina que es una laguna de agua que tiene a su dispo¬sición el bolichero, quedándole los relaves, que le son de bastante utilidad.
Concluida esta operación constituye él la pella en la manga, y después de bien exprimida, para ponerla en el último grado de sequedad, extrayéndole todo el azogue, la recibe a razón de tres libras por un marco, que satisface al habili¬tado a seis pesos dos reales; en cuya negociación hay el ingreso de un marco en cada nueve, después de refogada la pella, y rebajado al mismo tiempo al habilitado el consumo de media libra en la extracción del azogue.
En todo conviene el operario habilitado, pues por corta que sea la utilidad que reporte, se complace puesto que el metal que le ha entre¬gado al bolichero, no le cuesta más trabajo que el de entrar en una mina y sustraerlo indebida¬mente.