viernes, 31 de octubre de 2008

CERRO DE PASCO Impresiones y datos.


HELGUERO Y PAZ SOLDÁN, Marcial


HELGUERO Y PAZ SOLDÁN, Marcial. Periodista. Realizó un importante informe sobre la producción y los avances técnicos de la Empresa Norteamericana Cerro de Pasco Corporation. Este documento constituye una muestra de cómo se justificó el trabajo minero en nuestro suelo, por parte de la Empresa Extranjera.

Los intereses de los grupos de poder limeño se ligaron siempre a los de la Empresa Cerro de Pasco Corporation. Constituye un ejemplo de esta actitud, el informe de Marcial Helguero y Paz Soldán. Documento apasio­nado, teñido de afecto hacia los extranjeros, constituye un enfoque que debe ser conocido y reflexionado, para evitar graves injusticias en el futuro.

Hay ciudades en el mundo cuyo nombre llega a los oídos como un eco de grande­za. California, Potosí, Cerro de Pasco, ¿no os hablan en ese sentido? Estos nombres, ¿no os sugieren la visión de fortunas inmensas amasadas vertiginosamente?

Durante la colonización hispano-americana, el Cerro de Pasco tuvo fama mundial por los enormes tesoros argentíferos que guardaba en sus entrañas. ¡Cerro de Pasco! Rótulo sonoro, nombre mágico, país de ensueño, en donde la plata valía menos que el hierro. Así hablaba la leyenda, que, al popularizarse, adquirió todos los contornos de la fábula. Fue en aquella época, tierra predilecta de los hombres valerosos, de los hombres de férrea voluntad, porque era tierra en la que se conquistaba la riqueza en forma rápida, casi fulmínea. Se creía, y así era en efecto, que bastaba arañar un poco la corteza terrena para que quedase en descubierto el argentino y deslumbrador metal. Esta era la leyenda que dio fama la Cerro de Pasco durante el coloniaje.

Hoy, a pesar de la explotación, casi continua, de que ha sido objeto, durante tres siglos, Cerro de Pasco conserva toda la fuerza de su tradición; pero con la sola diferencia de que el progreso que ha alcanzado en estos dos últimos lustros ha sido verdaderamente enorme. Tal vez, en los tiempos actuales, ninguna mani­festación del trabajo humano ha marchado tan a prisa entre nosotros. No es una mistificación la que trato de hacer, ni siquiera una hipérbole literaria lo que digo. Ese evolucionamiento de grandeza está allí visible para el que quiera verlo, palpable para el que quiera tocarlo.

Yo puedo hablar de esta manera, porque conozco el Cerro de Pasco del pasado y el Cerro de Pasco del presente. Hace once años que visité, por vez primera, esa región. Fue en la época en que el doctor José Pardo, inició sus giras presi­denciales, tan fructíferas para la República. En aquel entonces, aunque la riqueza estaba oculta en las entrañas de la tierra, todo era rudimenta­rio, con más carácter de ensayo tímido que de explotación. Sólo se trabajaban unas pocas mi­nas, pero en forma rutinaria, casi primitiva; y el jornal del indio, a pesar de su tradicional so­briedad, apenas bastaba para proporcionarle lo más indispensable para su subsistencia.

Hoy, todo ha cambiado. Ha sido una mutación de progreso rápida, abrumadora, que se traduce en elementos poderosos de trabajo que marean y enaltecen el nombre del país que los posee. Allí, en donde antes sólo habían lagunas y pantanos, se levanta ahora un verda­dero pueblo de talleres, de fábricas, de factorías y de blancos chalets, que ponen una suave nota de poesía entre el paisaje abrupto de las monta­ñas grises y monstruosas. Allí, por donde antes imperaba la monotonía, casi la soledad, cruzan, ahora, a cada momento, en distintas direcciones, locomotoras poderosas que arrastran miles de toneladas de metal; las chimeneas no cesan de vomitar denso y negro humo, y la actividad externa y subterránea, de la gente que entra y sale de las minas, se mantiene en trajín cons­tante durante el día y durante la noche tam­bién. Esa actividad trepidante y febril de hom­bres: y de cosas, rinde el ánimo de cualquiera. Es necesario haber vivido allí algunos días siquiera para comprender todo el avance que ha dado aquella región, triste y arisca hasta hace diez años y hoy fuerte y progresivo en todo orden de cosas.

Y ello se debe -hay que declararlo en forma categórica y determinante, porque está en la conciencia de todos- a la poderosa em­presa americana que explota las minas de esa región, a la Cerro de Pasco Mining Company, que en sólo diez años ha hecho lo que quizás nunca hubiéramos podido hacer nosotros por nuestra propia iniciativa. Ha sido factor efica­císimo, no sólo para el progreso económico del Perú, sino factor cultural para la civilización del indio, a pesar de todo lo que se ha dicho en contrario. Este hecho basta y sobra para que la Cerro de Pasco Mining merezca la con­sideración del país.

Voy a probarlo, no en larga diserta­ción, sino en forma rápida, breve, en unas cuantas líneas, suficientes cuando se trata de demostrar la verdad. Antes de que se esta­bleciera la empresa americana en el Cerro de Pasco, el indio de esa zona vivía una existen­cia casi selvática, refractaria a la vida moder­na. Trabajaba en forma ruda y sin tregua por un mísero salario, que en la mayoría de los casos apenas llegaba a cuarenta centavos de nuestra moneda. Casi todos estos indios estaban vaciados en un molde de tímida sumisión, deprimente para la dignidad del hombre.

Yo he visto, hace once años, a muchos de esos hombres rudos, de tez cobriza y múscu­los de acero. Salir de las minas y besar la mano del patrón, casi de rodillas, como unos niños; yo os he visto echar a correr como locos por las llanuras de Junín, o arrojarse de cara al suelo, impulsado por una sensación de incontenible pavor, al paso de la locomotora; los he visto usar por todo calzado un trozo de cuero bajo la planta de los pies; los he visto sucios, casi andrajosos, caminar tristemente por las llanuras desiertas o por las cumbres altas, cubiertas de nieve, al melancólico compás de paso de sus llamas, con la tenacidad rutinaria del rebaño que, una vez aprendido el camino, no sabe salirse de é!. Yo he visto eso y mucho más, hace once años.

Hoy, todo ha cambiado por completo. El progreso alcanzado por el indio ha sido verti­ginoso. Se ha dejado arrastrar totalmente por la vida moderna. Son obreros habilísimos que asombran por la facilidad con que se asimilan toda clase de conocimientos. Y ya no miran al hombre blanco con ese terror de antaño. Lo miran con respeto, es cierto, pero sin humillarse, sin rebajar su dignidad humana. Ya no huyen de él como huían antes; por el contrario, hoy lo contemplan cara a cara y a veces con una fami­liaridad sonriente. La facilidad característica de su raza para aprenderlo todo, los ha convertido, en poco tiempo, en hombres indispensables para las faenas que no es posible realizar al europeo o norte-americano, por la escasez del número y los rigores de esa temperatura frígida e incle­mente. Antes, repito, huían al paso de los ferrocarriles; hoy son maquinistas expertos, inteligentes mecánicos, hábiles fundidores y carpinteros. Manejan todos los artefactos de la industria minera con la misma precisión que un extranjero. En la Smelter, en la sección donde se funde el hierro, todos los empleados son indios peruanos. Hoy ganan un salario que quizás nunca soñaron ganar. El tipo mínimo es de dos soles y el máximo de siete, para los que trabajan en las minas. Por desgracia, carecen del espíritu ahorrativo. Todo el dinero que les reporta su trabajo lo gastan inmediatamente y casi siempre en bebidas alcohólicas, sin preocu­parse para nada del bienestar de la familia.

Hay indios que obtienen mucho más de esa suma. Conocí a uno, en Tuctu, que comenzó ganando, como peón, un sol veinte centavos, hace cinco años. Durante ese tiempo logró juntar una apreciable cantidad que invirtió en irse a Nueva York, para aprender prácticamente el manejo de la electricidad. Ha vuelto hecho un verdadero profesional. Merece la consideración de sus jefes y hoy su sueldo es de una libra esterlina por día, casi el mismo sueldo que gana el director de cualquiera de nuestros ministerios. Ese indio se llama Juan Morante. Es natural de Concepción y cuenta sólo 28 años de edad. Y ponerse en contacto como este ejemplo podría citar otros muchos, que delatan el espí­ritu asimilativo de los hombres con una civili­zación de esa raza, superior, en grado infinito a la de ellos. Hoy, e! indio que antes caminaba descalzo y casi andrajoso, usa las fuertes botas del minero y viste como cualquier hombre civi­lizado. Yo los he visto en la explanada de la Esperanza, jugar el foot-ball con entusiasmo ver­daderamente sajónico; y los he visto firmar sus recibos de pago, con letra burda y tosca, es ver­dad, pero sabían firmar, al fin.

Pero no es esto todo. He podido compro­bar algo más grande aún y que reconforta el patriotismo del más escéptico. En los talleres de la maestranza del ferrocarril, en las herrerías y carpinterías, en las factorías y las lumbreras y dentro de las mismas, he visto a infinidad de trabajadores peruanos, indios casi todos, en su mayoría de 10 a 18 años, que están formándose en la purificadora escuela del trabajo. Es una generación hábil y vigorosa, con nuevas fuerzas para hacer frente a todos los obstáculos y que mañana ha de repartirse por el Perú entero, como maestros de energías, para educar a las generaciones que vengan detrás. Este es el más grande bien que ha hecho al Perú la Cerro de Pasco Mining Company. Está formando los hom­bres del futuro, de una raza que aceptaba el expolio y la miseria con triste resignación. De allí están saliendo mecánicos, electricistas, carpinteros, capataces de minas y hombres de lucha que han de poner, más tarde, aunque sea un grano de arena, en el resurgimiento de esta tierra peruana, llamada a grandes destinos, tierra fecunda y admirable a la que la naturaleza regaló con el romanticismo de todas las riquezas y con todos los paisajes más bellos y sugestivos del mundo entero. Yo quisiera que vinieran a mi patria muchas negociaciones como la Cerro de Pasco Mining. Entonces el problema estaría resuelto.
Lo que hoy es cuestión quizás de siglos, por nuestros propios esfuerzos, seria simplemente cuestión de años para alcanzar una grandeza y una civilización que merecieran el respeto de propios y extraños.

Esto es lo que debe el Perú a la Cerro de Pasco Mining Co., como factor cultural. Para probar lo que es como factor económico, me bastará decir que esta empresa pone en cir­culación, al año, en sus diversos gastos, sola­mente en el Perú, la enorme suma de un millón cuatrocientas mil libras esterlinas; es decir, más de la mitad del presupuesto anual de la república.

Esto está en la conciencia de todos los peruanos, nuestra grandeza futura está allí. Debemos acoger con los brazos abiertos a todos los hombres de acción y de trabajo; debemos seguir adelante, siempre adelante, sin volver la vista atrás, con la mirada fija en la estrella radiosa del porvenir del Perú.

EL CERRO DE PASCO
Fue en el año 1630 del coloniaje. Cuen­tan las crónicas, que un pobre indio, pastor de ovejas de la hacienda Paria, se vio sorprendido durante la noche por furiosa tempestad. El infeliz indígena, huyendo de la lluvia, del frío y de! viento, buscó asilo en una cueva de los cerros de Santisteban de Yauricocha. Aterido, casi helado, mientras sus ovejas balaban angus­tiosas a lo lejos, incendió un montón de paja para calentarse. Al día siguiente notó entre ¡as cenizas aun humeantes de la hoguera, pequeños trozos de plata fundida. Así fue como se descu­brió el mineral del Cerro de Pasco. Una racha de aventureros y de hombres ansiosos de fortuna se lanzó bien pronto a extraer las riquezas del famoso mineral; y a la par que acudían unos y otros, comenzaron a construirse las primeras casas de la futura ciudad, casas que aún existen y que conservan todo el sabor colonial de la época en que fueron edificadas.

La ciudad del Cerro de Pasco no es, por cierto, una de las más atrayentes del Perú. Sobre la cumbre de una montaña, un agrupamiento de casitas, algunas de las cuales conservan su techo primitivo de paja, se apretuja y se hacina en una larga extensión. El poblado comienza en la lade­ra suave de una colina; luego baja a lo hondo y después comienza a subir en pendiente escarpada por la alta montaña. Sus callejuelas angostas se retuercen, se quiebran súbitamente en ángulos rectos, pavimentadas de grandes piedras relu­cientes y resbaladizas. En una ciudad que cuenta más de tres siglos de vida, y en donde la edificación moderna apenas ha podido marcar su huella. La falta de agua potable la hace, tam­bién, poco confortable para la vida; pero, en cambio, su actividad comercial es grande. Cada casa es una tienda y todas hacen negocio. Hay algunos almacenes en los que se encuentran artículos y objetos quizás mejores y más baratos que en Lima, como los de los señores Gallo hermanos, por ejemplo. Esa actividad comercial se debe, en gran parte a que la Cerro de Pasco Mining deja en la más amplia libertad a sus operarios para que compren ¡o que necesitan en las tiendas de la ciudad.

A fin de no afectar los intereses del comercio, la Cerro de Pasco Mining no ha queri­do, por un espíritu de equidad, aunque tenía perfecto derecho para hacerlo, establecer ningún edificio comercial en la Esperanza, semejante a los grandes almacenes que posee en la Smelter, Goyllarisquizga y Quishuarcancha. De lo contra­rio, la competencia que habría hecho a los co­merciantes del Cerro habría sido enorme.

GEOLOGÍA DEL CERRO DE PASCO
Los ligeros datos que doy en seguida sobre la formación geológica del Cerro de Pasco, me han sido proporcionados por Mr. Farnham, inteligente geólogo de la negociación. Por tra­tarse de datos técnicos, los doy tal como los he recibido, sin alterarlos en lo menor. Dicen así:

Los depósitos de minerales, que se en­cuentran, por lo general, en piedra de cal Jurá­sica Cretácea, pueden dividirse en dos clases distintas: lo. el mineral primario, inalterado, que se halla a profundidad; y 2o.- el mineral de plata oxidada o cascajo, que aparece como una capa superficial que cubre el mineral primario. Los depósitos de mineral de cobre primario son muy diferentes de la mayoría de los grandes depósitos de cobre del resto del mundo, por cuanto se componen de los raros minerales "famatinita" y "luzonita", y no contienen ninguno de los minerales comunes del cobre, tales como chalcopirita, bornita o chalcocita. La relación estructural de los depósitos de mi­neral con las formaciones que ios encierran, el contenido peculiar de los minerales y el orden de deposición de los varios componentes de éstos, indican el origen epigénico del mineral, que ha sido introducido en las fisuras o grietas por soluciones acuosas ascendentes, que con­tenían cobre, plata, fierro, arsénico, antimonio y silica; cuyas sustancias se sustituyeron en lugar de las paredes de piedra de cal de las fisuras, llenaron los espacios abiertos, y de esa manera formaron los famosos depósitos metalíferos de Cerro de Pasco.

"LA ESPERANZA" Y EL DEPARTAMENTO DE MINAS
El superintendente general de las minas de la Cerro de Pasco Mining Company, es el señor Paul Sidney Couldrey, otro de los hom­bres a quienes la citada empresa debe su pros­peridad actual. Hace cinco años que desempeña ese difícil y delicado puesto. En el Cerro de Pasco no he oído hablar de él sino con cariño, por su espíritu afable y bondadoso para los que están bajo sus órdenes y para los que no lo están.

Es un verdadero representante del espíritu mo­derno. Ha trabajado desde la edad de 16 años en las minas de Australia, del Canadá y de Ingla­terra; de manera que su experiencia y sus conse­jos en el ramo son grandes. Tuve la fortuna de alojarme en la hermosa casa que posee en "La Esperanza", casa que recuerda todas las tibiezas y todas las comodidades del hogar inglés. He vivido su vida íntima y de actividad durante veinte días y he podido apreciar todo lo que vale ese hombre franco y leal, como todos los hombres mineros que saben domeñar la tierra. A él le debo la mayor parte de los datos que me sirven para escribir, ligeramente, estos artículos. Con él penetré a las minas, con él descendí a precipios y a barrancos y con él atravesé, a caballo, las altas cumbres andinas, admirando los panoramas rocosos más bellos que he visto en mi vida. Le debo un cúmulo de sensaciones nuevas, desconocidas para mí y que nunca soñé experimentar. No tengo cómo agradecerle todo eso.

Es Mr. Couldrey, un verdadero admira­dor del Perú. Cree que esta tierra ofrecerá más amplio porvenir que otros países, en un futuro no lejano, a los que quieran hacer rápida y posi­tiva fortuna. He hablado mucho con él sobre la condición de los indios de esa zona, y al tratar de esas supuestas expoliaciones que la empresa ejercía sobre éstos, se indignaba, pero con esa indignación que brota de toda alma franca y hon­rada.

—Se ha hablado mucho del sistema de "enganche"—, me decía— Se ha tratado de calumniarnos porque hemos empleado esa forma de trabajo con los indios. Pero, ¿tenemos la culpa, acaso, de ello?. Esa costumbre no la hemos traído nosotros. Existía desde tiempo inmemorial en el Perú. Nosotros no hicimos sino aprovecharla, al principio. Hoy, ya no, porque ha dado malos resultados. La compañía ha perdido más de doce mil libras en un año, por­ que los enganchados no cumplieron su compro­ miso y se fueron llevándose el dinero que habían recibido como adelanto.
Y, efectivamente, ha sido así. En las mi­nas de esta negociación, sólo trabajan hombres libres y conscientes del compromiso que con­traen. Los que digan lo contrario, faltan a la verdad, de manera descarada, y quizás lo hagan por especulación.

EL TRABAJO EN LAS MINAS
Los metales que actualmente extrae la Cerro de Pasco Mining Company, son de estos tres piques: "Esperanza", "Excelsior" y "Dia­mante". El de la mina "Esperanza", del cual se saca la mayor cantidad de metal, tiene una pro­fundidad de 640 pies; el de la "Excelsior" 610 y el de la "Diamante" 450.

El metal que se está extrayendo es, esen­cialmente, mineral de cobre: y los piques de la "Excelsior" se usan sólo para sacar mineral para "flujo".

Hay varias otras minas que pertenecen a la compañía; pero por ahora, no se trabajan. Algún metal se saca todavía por los métodos primitivos, con barreteros y capacheros; más la cantidad así extraída es probable que dismi­nuya conforme pase el tiempo, porque los métodos modernos son siempre preferibles, cuando es posible adoptarlos.

Las minas son ahora desaguadas por el socavón de Rumiallana, al cual se bombea el agua por varias bombas grandes colocadas en el pique Central y en la mina "Excelsior".

Por el momento, la mina "Diamante" no desciende más abajo del nivel del socavón de Rumiallana, así es que en ese punto no se necesitan bombas. La cantidad de agua que se bombea alcanza a un total de 1,100 galones por minuto, y va en aumento.
Las minas se trabajan mediante fuerza proporcionada por una instalación hidro-eléc-trica en la Oroya, de la que hablaré después, a una distancia de 130 kilómetros del Cerro; y la mayor parte del trabajo que se efectúa en el subsuelo, tal como excavaciones y perforaciones, se lleva a cabo por aire comprimido suministrado por tres compresores movidos por esa misma electricidad. Ese aire no sólo sirve para operar los taladros de roca, sino también para ventilar los frontones y galerías donde trabaja la gente. Actualmente, la mayor parte del izaje de metal se verifica por fuerza de aire comprimido. La tracción eléctrica debajo de tierra sirve ahora a la mayor parte de la mina; porque las distancias son demasiado largas para permitir que se siga efectuando a mano. Con la sola excepción del carbón usado para generar calor por vapor, en la antigua instalación de calderos, para el caso de una paralización de la línea de fuerza eléc­trica, el uso del vapor es ya cosa del pasado.

El área de las operaciones mineras debajo de tierra es enorme, y los sistemas de trabajo son varios.

Cuando se presentan depósitos grandes de metal, se extrae la tierra y se le reemplaza con cuadros de madera; y estos cuadros son llenados inmediatamente después con desmon­tes de roca para reforzar las excavaciones y evi­tar catástrofes.
En las vetas angostas se adopta un siste­ma llamado "shrinkage stoping", o sea "excava­ción mermada"; es decir, que la gente trabaja encima del mineral sacado hasta que se penetra al nivel superior siguiente; y entonces el metal es extraído por arriba y la excavación se llena con desmonte de roca. En todo caso, la altura del puente debajo del cual trabaja la gente, es limitada a siete pies, de modo que no pueda ocurrir algún derrumbe considerable.

Todo el trabajo se hace actualmente por "maquepueros" (trabajadores libres); y es solamente en temporadas de mucha escasez de brazos que se busca trabajadores en Jauja y los distritos vecinos, a quienes se les da un adelanto para el viaje por ferrocarril, que no se les desquita después. La gente está libre de aceptar o no este ofrecimiento, según lo tengo a bien. Los contratos se hacen con los "cholos" exactamente lo mismo que se harían con un criollo, con un costeño o con un americano contratado en Lima. La necesidad de emplear gente de fuera se hace gradualmente menor; y, como he dicho más arriba, se está formando, poco a poco, una raza de mineros que no nece­sitan ser rogados para servir a esta Compañía, porque siempre reciben su paga puntualmente al fin de cada mes, y tienen opción a pedir adelantos dos veces en cada semana. Estos adelantos se hacen en dinero en efectivo, y no se dan órdenes por mercaderías. Tampoco ¡a Compañía hace negocio con los "cholos" en el mismo Cerro de Pasco, como he expresado ya, existen muchos almacenes independientes de la Compañía, en los cuales el "cholo" puede comerciar libremente; y si es engañado o tratado mal, es asunto que debe decidir la autoridad y nada tiene que hacer con ello la Compañía.
Hay cerca de mil empleados en el Cerro, y todos éstos, con excepción de unos 35, son peruanos. Este dato no puede ser más halagador para nuestro patriotismo.

LA POBLACIÓN DE "LA ESPERANZA"
La Compañía sostiene un hotel y una casa de pensión; pero la mayoría de los emplea­dos vive en Cerro de Pasco. Existe, además, una pequeña población compuesta de 160 casas para las familias de los "cholos" que quieran vivir allí. Cada una de esas casitas tiene su peque­ña estufa para cocinar, y un buen servicio de agua fresca y limpia para beber y lavar. Esta agua ha sido analizada por los médicos y decla­rada de excelente calidad. Cada casita paga un alquiler de S/. 1.00 al mes; y a cada trabajador que vive en ellas se le da carbón gratis, siempre que trabaje 26 días en el mes; pero no es obli­gatorio que vivan allí. La competencia para obtener casas de estas colonias de la Compañía es muy viva.
Además, hay doce casitas para el aloja­miento de los empleados superiores que tengan familia.

EL HOSPITAL
La compañía ha construido un gran hospital, que le costó Lp. 20,000.00 (doscientos mil soles), para el bien de todos sus trabajadores; y en él se cura toda clase de enfermedades y se suministra cuanta medicina sea necesaria. Este hospital ocupa un área de 33,100 pies cuadra­dos; y está dotado con calefacción a vapor, agua fría y caliente y todas las demás comodida­des que prescribe la ciencia médica. El conocido profesional Dr. Fresser, es quien lo dirige. Goza de gran fama, no sólo en "La Esperanza", sino en el Cerro de Pasco, a donde es llamado con frecuencia para prestar sus servicios. La empresa paga, también, otros médicos: el doctor Portal, peruano y el doctor Grady, americano.

LA OFICINA JURÍDICA
Una negociación tan grande corno la Cerro de Pasco tiene que verse envuelta constan­temente en muchos pleitos debido, más que todo, a las oportunidades que ofrece a los litigantes nuestra deficiente legislación minera.
En vista de ello, la Compañía, además de sus abogados en Lima, sostienen una oficina jurí­dica en el Cerro, cuya dirección está a cargo del conocido profesional doctor Carlos Gómez Sánchez, una competencia en el ramo, espe­cialmente en asuntos mineros. El doctor Gómez Sánchez es uno de los empleados más antiguos y fundadores de la Compañía.

LA VIDA SOCIAL
Tiene "la Esperanza" un amplio y her­moso Club, en donde se realizan las grandes fiestas. Es el punto en que se desarrolla la vida social en gran escala. Todas las tardes a las cinco, después de concluidos los rudos trabajos del día, se reúnen allí jefes y emplea­dos, sin distinción de gerarquías, en contacto familiar, al calor de un grato y suave fuego que reconforta el cuerpo de las inclemencias de la frígida temperatura cerreña. Se charla o se lee, se toca el piano o se juega "bidge". La biblioteca contiene periódicos de todo el mundo y gran número de obras, especialmente de ingeniería.
Los días miércoles, se reúnen también en ese lugar las familias de los empleados perua­nos y extranjeros, y, con este motivo, se impro­visan animadas tertulias, de carácter íntimo y adorable, por lo mismo. Las grandes fiestas se efectúan en los días de aniversario del Perú y de los Estados Unidos y en el del cumpleaños del rey de Inglaterra, pues hay varios emplea­dos dirigentes de nacionalidad inglesa.

OTRAS DEPENDENCIAS
Hay establecidas una fábrica de ladrillos refractarios para la fundición, y otra de ladrillos corrientes para construcciones, además de desa­gües de gres cerámica para el ferrocarril.
La oficina general funciona en un hermoso y espléndido edificio, con todas las comodidades modernas, conocido con el nom­bre de "Casa de Piedra", por estar construida totalmente de granito. En esa casa se alojó el presidente, Dr. Pardo, cuando visitó el Cerro de Pasco.
La Compañía posee un gran almacén destinado a guardar materiales para los trabajos mineros y provisiones para su hotel. Este almacén es conocido con el nombre de "La Bodega".

No hay comentarios: